¿Qué favorece u obstaculiza el éxito educativo?

Ante el aumento de estudiantes que abandonan prematuramente la escuela  o que no consiguen superar la educación secundaria obligatoria, debemos reflexionar sobre cuáles pueden ser las causas que conducen a esta problemática. Existen noticias, artículos, debates, etc. que leemos o escuchamos que hacen alusión al concepto de fracaso educativo —o escolar—. Pero, ¿cuáles pueden ser las causas? Desde las dificultades propias de los estudiantes, aquellos con necesidades educativas especiales; pasando por motivos socioeconómicos, al haber una posible relación directa entre el nivel socioeconómico familiar y el rendimiento de los hijos en la escuela; la falta de corresponsabilización entre familia y escuela; la inestabilidad del sistema, que está sujeto a las constantes cambios políticos junto con sus cambiantes leyes educativas; hasta llegar a causas pedagógicas, es decir, el posible desconocimiento de las metodologías o estrategias más apropiadas en función de cada acción y contexto educativos.

Como es tendencia muy común culpabilizar «al otro», si queremos encontrar aquellos responsables del fracaso escolar, debemos buscarlos dentro del sistema, un sistema que no está conformado únicamente por profesores y escuela. Si hay alguien a quien responsabilizar, debe de ser todo el entramado social que debería constituirse como sistema educativo, en el que se impliquen la sociedad en conjunto. Así pues, el concepto de sistema educativo como tal no debe dejar al margen comunidad y familia.

Parece ser que pedagogos y otros expertos de la comunidad educativa ya se movilizan para atender a esta problemática. La predisposición del alumno para aprender parece ser uno de las principales motivos que provocan esta situación. Con el fin de evitarla y ante la falta de apoyo administrativo, es necesario un cambio desde abajo, un cambio que esté propiciado por los que ya están dentro del sistema. Los equipos docentes deben de trabajar como tal. Esto es, el trabajo en equipo es fundamental para así poder luchar contra la misma causa. Hoy en día, cada vez más se inculca en las aulas la importancia del trabajo en equipo, ya que la sinergia que ello provoca nos aporta un mejor resultado. Así pues, ¿por qué no predicar con el ejemplo? Una escuela cuyos miembros están unidos es una escuela con mayor garantía de éxito ante al fracaso escolar.

Además, ha habido alguna iniciativa política, a fin de hacer frente a los vaivenes legislativos a lo largo de las últimas décadas y que, lamentablemente, ha quedado en el intento. El cambio constante de leyes educativas es, asimismo, una de las principales causas del fracaso escolar.

Las familias son otro elemento crucial en el contexto de la comunidad educativa. Familia y escuela han de ir de la mano, puesto que buscan los mismos objetivos: el buen desarrollo educativo y formativo del hijos y alumnos.

Por último, huelga comentar que probablemente el término “fracaso” no sea el más adecuado, dada su connotación negativa. Vivimos en una sociedad que penaliza el fracaso, e incluso el error, y premia el éxito, como única vía de superación. El fracaso, o el error (que es enmendable), debe de tornarse para el aprendiz como una oportunidad de cambio, ergo, de aprendizaje. “Aprender haciendo” (del learning by doing, en inglés) es una metodología que aboga por el aprendizaje basado en la prueba y ensayo. Lo cierto es que las experiencias que vivimos son las que quedan realmente en nuestra memoria y es por ello que debemos empezar a inculcar la idea de que el error no debe ser algo de lo que avergonzarse, sino que es algo que me servirá para aprender y crecer

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